Un Poco de Mi Historia…

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Por circunstancias de traslado de mi extranjero padre, quien comenzó a prestar sus servicios en un laboratorio farmacéutico ubicado en Barranquilla Atlántico, de propiedad de un paisano suyo, padre de su mejor amigo, quien lo trajo en tiempos de la post guerra desde Oldenburg Alemania en un barco bananero a estas tierras hace más de 50 años, si esa serie de acontecimientos no se hubiera dado, no habría nacido en la Puerta de oro de Colombia, La Arenosa, la tierra del bollo limpio, la butifarra, la arepa e huevo. Creo en mi inmensa ignorancia que con el desparpajo, sabrosura, swing que implica nacer en estas tierras, con el apoyo permanente de mi madre y el oído que me dio el de arriba, se empezó a forjar mi carrera artística.

Mi estancia en currámba fue corta, 3 años pero como lo creo yo, el costeño nace con el chip de la sabrosura tu sabe, yo me lleve todo ese talento implícito a Bogotá nuestra siguiente parada por el periplo laboral de mi padre, que se quemó las pestañas trabajando para sus paisanos durante muchos años… ahora el viejo goza de su retiro y jubilación.

Desde muy niño afloro en mí la inquietud por la percusión rompiendo las cucharas de madera con  que mi madre preparaba los jugos del almuerzo, compradas en el pasaje Rivas, en las ollas colgadas en viejos cáncamos que daban por sus diferentes tamaños varias tonalidades. Oyendo a Richie Ray, Frank Sinatra, The Beatles, The Rolling Stones, Vivaldi, Quilapayun, Inti illimani, Lucho Bermúdez, Willie Colon,  Los corraleros del Majagual, Pérez Prado, Joan Báez, The Animals, Rubén Blades, Gaiteros de San Jacinto, Joe Cocker, Janis Joplin, Bach y de ahí pa’ lante toda una mezcla de sonidos y géneros que solo a una madre como la mía se le ocurriría tener en la discoteca.

Gracias a su incansable e incesante insistencia y en contra de mi voluntad debo reconocerlo, nos matriculó a mí y a mi hermano en el conservatorio de la universidad nacional de Colombia, claro nosotros (mi hermano y yo) queríamos era jugar en el parque de la calle 59 con carrera 5 en chapinero con los amigos.

Debo reconocer también que gracias a ella entré al conservatorio, y que fue ahí que empecé a darme cuenta de que la música era mi elemento, de que indefectiblemente terminaría siendo músico.

No terminé la carrera porque también debo reconocer que no fui muy buen estudiante, sin embargo el tiempo que estuve ahí me permitió conocer personas increíbles como al maestro Ernesto Díaz mi profe de solfeo ser humano excepcional, al maestro Guillermo Abadía gran folclorista, Blas Emilio Atehortua, Tico Arnedo entre otros que me dejaron claro que yo estaba por y para la música.

Como tenía mis antecedentes con las cucharas del jugo, mi madre cansada de ir al pasaje a remplazarlas me regalo una batería de juguete que no duró mucho, porque sus amigotes la destruyeron en una noche de rumba en el apartamento.

Estaba claro que la percusión era lo mío y después del percance con la batería de juguete, mi abuela alma bendita, me trajo una de USA con la que de manera empírica empecé a recorrer los acetatos que guardaba mi madre melómana en sus anaqueles, acompañando  con el instrumento de oído todos esos artistas a los que hacía referencia anteriormente. 

Esos anaqueles que escudriñé durante mi infancia y juventud guardaban lo que sería mi influencia musical y mi pasión por los diferentes géneros poco convencionales que solía escuchar mi vieja.

Tras breve pausa en mi avatar por el viaje de la música por culpa de la primaria y la secundaria, que terminé ya radicado con mi madre y mis hermanos en la que considero mi tierra adorada donde me forjé como músico, cantante y camellador…” ¡Mi Valle del Cauca…mi valle ehh!!

Mis primeras aproximaciones a los escenarios Caleños fueron en el marco de  la gira de la temporada de ópera de Colombia en Cali que todavía existía en 1981, pero para mi sorpresa mi participación lejos de tener que ver con la música estaba más relacionada con oficios varios en el escenario, mesero, portero, cochero, claro  en obras maestras como “Lucia de Lammermoor”(Donizetti), “Rigolletto”(Verdi), “Le Nozze di Fígaro”(Mozart) entre otras, que nos llevaban en un viaje en el tiempo inigualable con atuendos de la época, pero también me permitieron compartir ese espacio mágico en toda su extensión que es el Teatro Municipal Enrique Buenaventura, con célebres solistas colombianos y de otras latitudes entre quienes cabe resaltar Francisco “Pacho” Vergara (barítono), Zoraida Salazar (Soprano), Marta Senn (Mezzo Soprano) me enamoré cuando la vi, Gerardo Arellano (Tenor) QEPD.

Como una premonición con la ópera del 81, unos años después regresaría a ése mismo escenario a hacer una audición para la temporada de ópera que lideraba Zoraida Salazar, pero esta vez como cantante del coro en la obra Rigoletto.

En ese trasegar entre el fin de mis estudios básicos, prestarle servicio casi abnegado e incondicional a ésta patria que se desangraba por donde uno la mirara durante un año, en la época del Palacio de Justicia, y mi ingreso al Instituto Popular de Cultura donde permanecí dos años, ése lapso de tiempo marco mis comienzos como percusionista tocando en grupos de son cubano, haciendo teatro callejero con chirimía, recorriendo las calles de la sultana llenas de Samanes inmensos, y chiminangos florecidos que pintaban de colores nuestro recorrido.

En San Cayetano ensayábamos “Con-fusión”, un grupo que como su nombre lo indica pretendía poner en el mapa caleño el género Jazz Fusión y Latin Jazz a mediados de los 80’s con músicos excelentes citando entre otros Cesar Iván Potes (Piano), Jan Hendelberg (Guitarra y Violín), Hensy Pérez (Bajo), Carlos Muñoz (Batería) y éste pechito en las congas, claro que nuestro recorrido como banda fue tan efímero que no creo que alcanzáramos 6 meses juntos, pero fue buena oportunidad para conocer repertorio de Cal Tjader, Eddie Palmieri, y muchos estándares de Jazz.

Alguna de esas tardes caleñas situadas en el barrio San Fernando en la sede del IPC, donde compartí con viejos amigos y excelentes personas varios años de estudio entre quienes cabe citar el maestro Édgar Gallego gramática musical, Miguel Ángel Caballero  apreciación entre muchos otros,  leí un aviso en cartelera que invitaba a los interesados a presentarse para audiciones al coro de la fundación lírica Zoraida Salazar, que puso en escena en el Teatro Municipal Rigolleto de Verdi, pues sin pensarlo dos veces acudí a la audición con “Pueblito Viejo,” pasé sin inconveniente a integrar ése coro de la fundación que pocos días después, sería el Coro Polifónico de Cali que dirigía magistralmente Marta Lucia Calderón, esos fueron mis comienzos en tan importante grupo de voces, que me permitió compartir con grandes amigos durante 8 años, llevar a cabo viajes fabulosos a Cuba (Festival Internacional de coros Alicia Alonso), México (Encuentro de Coros en Mérida Yucatán) y la participación en diversas obras clásicas como Alexander Nevsky (Sergei Prokofiev) con la Sinfónica Nacional de Colombia y Carmina Burana (Carl Orff) Con la Sinfónica del Valle entre varias otras.

Años 80’s, el fin de una década atormentada por las balas y las bombas, y el comienzo de una experiencia como cantante de establecimiento nocturno. Aunque la verdad estaba un poco reacio a pasar de una audiencia que te ve y escucha atentamente en un teatro, a la que se embriaga con licor y humo de cigarrillo en un Bar. Sin embargo dos queridas colegas del Polifónico que trabajaban en el mencionado lugar, me convencieron y les doy las gracias. Ahí en San Antonio puesto de Cabeza empezó otra historia en mi vida musical, la de cantante de bar.

Considero que mi debut como solista de establecimiento nocturno no fue tan desafortunado, aunque varias veces olvidara las letras de las canciones, y me aferrara al micrófono y al cable como mi único apoyo para no trastabillar en escena, sin embargo yo estaba más pensando en hacerle el cajón al baterista, a la baterista en éste caso que fue una de las amigas que me promovió como cantante en ése lugar, es broma…!!

Ella quien algún día me dijo que se marchaba a España una temporada, y necesitaba remplazo,  accedí inmediatamente. Ése momento marco mis comienzos como baterista remunerado y feliz, ese día me senté detrás de esos tarros y hasta el sol de hoy no me volví a parar de ahí.

Fueron dos años excelentes pero esto estaba empezando apenas, compartí tarima ya como baterista con talento puro del Valle del Cauca, Liliana Montes, Beatriz Arellano, Eugenio Arellano, Gerardo de Francisco, Jorge Hernán Baena en diversos lugares nocturnos de la ciudad.

Participación con las Sinfónicas del Valle, Sinfónica Nacional de Colombia, bajo las batutas de los maestros Jaime León, Agustín Cullel, Dimitriv Manolov, Ricardo Jaramillo entre otros.

En busca de nuevas experiencias y horizontes emprendo viaje a Bogotá, no fue fácil la transición de la provincia a la bulliciosa e impredecible capital, pero definitivamente valió la pena el esfuerzo, no solo porque empecé a relacionarme con músicos y artistas de gran calidad y versatilidad, si no porque descubrí otro talento que pude empezar a explotar, la locución Institucional, pots publicitarios para radio y TV, voz en off para video, mensajes para conmutador, buses a todos los barrios, todo niño paga etc, etc. para clientes tan importantes como (Bancolombia, Grupo Sura, Eternit, Fundación Cardio-infantil, El Tiempo, Dodge entre otros) Atendido por su propietario!!!!!

Las vueltas que da la vida me llevaron a conocer a Alejandro Buenaventura quien montó proyecto espectacular y que tuvo mucha acogida en su momento “Teatro de Escritorio”

Como su nombre sugiere, leyendo sus personajes en un escritorio con la participación de varios actores entre otros (Marcela Carvajal, Florina Lemaitre, María Fernanda Martínez, Lucho Velasco, Kenny Delgado) y mi debut haciendo el papel del Corifeo y llenando con efectos percutidos en batería para la obra “Antígona” de Sófocles.

En cuanto a mi actividad como músico en la metrópolis comenzó con pie derecho con la vinculación al quinteto Fuga, grabando producción de voces acapella para Yo-yo music aprovechando la tesitura que me dio el de arriba (Bajo), “Latinoamérica Canta” el nombre del álbum, con temas como “El Aguatero Porteño”, “El Tío Pedro” y “El Cambá”.

Circunstancias me llevaron a trabajar a “La casa del Equeco” el bar del cantautor bogotano Andrés Cepeda quien después de unos meses me invitó a tocar en su banda ofrecimiento que acepte sin titubear y con quien nos hemos divertido haciendo música por más de 14 años, no solo en Colombia sino allende sus fronteras con emotivos conciertos en Roma, Londres, Barcelona, Madrid, Miami, Nueva York, Houston, Orlando, Quito, Guayaquil, Santo Domingo, Ciudad de Panamá, Caracas, Ciudad de México, Toronto, Calgary, Rio de Janeiro entre otras.

De nuevo radicado en “La Sucursal del Cielo” después de 15 años de ausencia, el paso de una generación de excelentes músicos y artistas que están llenando de muy buenos proyectos el medio vallecaucano, y con la firme intención de promover el talento local en diferentes formatos, pero de la manera correcta, desde el principio invitando a ese talento a formalizar su potencial y convocando a la proyección, he vuelto para quedarme en la tierra del Champús, el cholao, El Petronio.

La calidad no se improvisa y con criterio de músico con más de 30 años de experiencia en el medio, el apoyo de aliados estratégicos en la ciudad, ponemos los mejores artistas para su evento social o corporativo para que éste sea inolvidable….